miércoles, 19 de junio de 2013
Lo más difícil
Lo más difícil de ser profesor (no lo más tedioso, que es el papeleo) es cuando un alumno viene y te reconoce que su suspenso es justo. Lo miras sin saber si estás soñando, pero se da un golpe en el pecho y ves que es realidad. Y añade, más o menos, mea culpa, y tengo que morderme la lengua y agarrarme la mano y apretar la mandíbula para no aprobarlo más o menos ipso facto. Por Sócrates, desde luego, pero también por uno mismo. Lo más importante del curso se lo ha aprendido bien. Lo demás es menos trascendental y, por supuesto, mucho más fácil.
martes, 18 de junio de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
(entre Carmen y yo)
Con las prisas y el jaleo,
las flores están dormidas.
Despiertan en el silencio.
domingo, 16 de junio de 2013
Carmen contra mundum
Para la fiesta de fin de curso, le dieron el papel de pirata. O sea, que me la llenaron de calaveritas, ay. Estuvo en su puesto, luchó con dignidad contra los niños perdidos de Peter Pan, pero sin fanatismos. Para mí, que la conozco, que se dejó ganar, preciosa quinta columnista:
Ayer, fuimos a un evento benéfico de un club inspirado por altos principios, pero el evento era un pase de modelos en que las niñas y las madres andaban, muy parsimoniosas, por la pasarela. Y guapas, lo confieso. Algo análogo a lo de los piratas, como me sugirió al oido mi dulce ángel de la guarda, tan combativo y primo-columnista. Carmen perdió el interés pronto —Enrique no lo encontró nunca— y no pudo dar con un juego que me entusiasmara más. Sin que yo le dijese nada ni ayer ni nunca, por su cuenta y riesgo, cogió un ladrillo, lo puso en un poyete, se colocó de espaldas a la cosa modística, y se dedicó a... ¡escribir a máquina! Vale que no lo hace a mano como De Prada, pero ahí estaba ella, contra mundum. Lo que iba escribiendo, mirando a la enredadera, para inspirarse, lo iba recitando, y fue este verso octasilábico: "Las flores están dormidas". De primeras, parecía tener un aire lorquiano, de romance sonámbulo. Aunque, si se piensa bien, quién nos dice que no era un verso epigramático porque las flores, tan bonitas y naturales, se aburrían de lo lindo con el pase de modelos, eh, eh.
viernes, 14 de junio de 2013
Terremoto
El miércoles me quedé un rato más en el IES para mandar desde allí la reseña a José Mateos. Tenía una comida con el Departamento de Sanitaria, y vinieron a buscarme, y les dije: "Id yendo vosotros. Tengo que enviar un trabajo, y ahora salgo corriendo". "Vale, hasta ahora, no te pierdas, eh". Ya solo, dando la última lectura antes del fatídico "enviar", de pronto, un sentido temblor, que la estructura frágil del instituto aumentaba: como lo de la sensación térmica, pero en sensación telúrica. Era todo un terremoto. Yo como soy muy hipocondríaco, me puse en lo peor, y como soy muy optimista, pensé: "De mí dirán que morí por mi amor al trabajo y a la literatura", y no me parecía mala muerte, en absoluto. Enseguida pasó y no pasó nada, pero me hizo ilusión haber sentido tanto el terremoto en el grandísimo silencio y quietud de un inmenso instituto sin alumnos.
Luego, sin embargo, he venido comprobando del miércoles a acá que estamos más conectados con la naturaleza de lo que pensamos. Como si algo se me hubiese movido por dentro. Se me han ido sucediendo pequeños temblores, fallas, inquietudes, palpitaciones, diminutos miedos, leves inseguridades... Aquí lo escribo, por si así se me pasan ya las réplicas.
jueves, 13 de junio de 2013
Lo pequeño es infinito
Esa infinitud es la que nos señala, con un guiño, o dos ("Lo breve, si infinito, dos veces infinito", nos sugiere), la cubierta, preciosa, del libro de José Luis Gallero, a cargo de Mauricio d'Ors. Así pasa: lleva el buen hombre Mauricio (¡otro d'Ors!) haciendo libros media vida y yo lo descubro ahora, con el libro de Reche, y éste de hoy.
Aprovechando el título, el Barbero, que está demasiado fuera del blogg en los últimos tiempos, recoge 8 fragmentos. ¿O debería decir ∞?
Lo grande exige ambición; lo pequeño, audacia.
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Ve ligero, aunque te pese.
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Buscar la aguja en el pajar es a menudo la única forma de ir al grano.
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En la medida en que mejoran sus lectores, progresa el escritor. Extraña manera de pedir, hacer creer que se tiene algo que dar.
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No me pagan por mi trabajo, luego no puedo equivocarme.
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Dos palabras juntas ya me asombran.
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Contra la prisa. Pero también contra el aplazamiento. Entre dos frentes, cogido.
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Una existencia extraordinariamente monótona en la que cada día nos fuera concedida la gracia de escuchar el canto de un pájaro desconocido.
Este último aforismo sería la cita perfecta para mi blogg ideal, por cierto.
miércoles, 12 de junio de 2013
Tiempo
"Disponemos de algunos segundos para convertirnos en ángeles o demonios, no más", leo en Las ruinas del cielo, de Bobin (Sibirana, 2012); y corro... a pedirle un lápiz al camarero del bar donde estoy tomándome un cortado. Para hacerle una paradójica cruz mnemotécnica a esa frase inolvidable. Me da un bolígrafo, ay. Sin embargo, la frase (su aviso) merece la pena de la tinta.
Tras la cruz, cierro el libro y abro la cartera. Mientras espero en la barra, una señora (el bar está lleno de señoras que van y vuelven al y del mercado) pide su tostada a voz en grito. El camarero se revuelve: "No hay prisa, ¿no?" La señora se achanta: "No, no, ninguna... ¿Será por tiempo? Tiempo hay siempre, hasta para morirse..." Pero no se queda satisfecha y añade: "... y hasta para resucitar".
Cuando recojo mi vuelta, ya yéndome, me paro un segundo y le digo, todavía impresionado por la confluencia con Bobin: "Qué bonito lo que ha dicho". Ella me mira extrañada, me pide con los ojos abiertos y la boca abierta una explicación. Le subrayo su hermosa coletilla, media verónica alegre a la muerte, que no interrumpe nada. Ve lo que ha dicho, se ilumina, me sonríe, se siente halagada, y más después del corte del camarero y por el único hombre de la concurrencia, medio joven, tan leído, con esos libros bajo el brazo, y delante de todas las comadres del barrio, que no pierden comba de la escena. Involuntariamente, hace el gesto pizpireto de tocarse el pelo, ahuecando la mano. Y ha resucitado su adolescencia.
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